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¡Que lo disfruten!

jueves, 28 de febrero de 2013

Resumen de Nala y Damayanti





 


Por: Juan Carlos Rivas




       Este resumen ayuda a captar la intensidad, el pragmatismo y la fuerza dramática de una de las obras románticas más ancestrales de la literatura Hindú: “Nala y Damayanti” expresando de una manera breve y directa la historia antes mencionad que junto al relato llamado “Savitrí” expresa la significación de la Mujer como símbolo de equilibrio y complemento.



       Había una vez un rey llamado Nala quien aún no tenía esposa, fue así que, buscándola escuchó de Damayanti, hija de Bhima, rey de Vidarbha, quien al mismo tiempo buscaba esposo para su hija. Conoció a Nala y le pareció que no había nadie mejor que él para su hija.


      Mientras tanto, Damayanti, un día de esos había bajado al lago a jugar en el agua, allí se había encontrado con un cisne que se había alimentado con flores de loto, jugando lo atrapó echando sobre él su vestido. Sabiéndose atrapado, el cisne se comunicó con ella y, a cambio de su libertad le ofreció la posibilidad de encontrarse con Nala quien era codiciado por las doncellas las que lo llevaban en sus corazones insertados como collar de méritos. “Tú eres digna de él y él digno de tí, por eso, para unión de iguales, me ofrezco de mensajero de amor entre ustedes”. Así aceptó Damayanti el trato comprometiéndose a no recibir a otro que a Nala.


      Por su parte, Nala apenas divisó al cisne, le arrojó su ropaje  por curiosidad y lo atrapó. Inmediatamente el cisne habló: “Rey Nala, vengo de parte de Damayanti, la más hermosa de las doncellas y el mejor adorno de la tierra a quien incluso los dioses pretenden, ella se enamoró de ti al yo hablarle de tus virtudes y prometió ser tu esposa.”


      Nala, flechado por el dios del amor respondió: “qué afortunado soy, mis deseos han sido escuchados”

      Anhelosa, Damayanti uso una estratagema y por boca de su madre pidió a su padre que se celebrara la ceremonia de svayambara para encontrar a Nala. Así fue que se envió el mensaje a todos los reyes de la tierra, Nala montó su carruaje y partió hacia el reino de Bhima.


      Mientras tanto, los dioses del viento, de la muerte y del fuego se cruzaron en el camino de Nala y le ofrecieron una treta, que Damayanti escogiera entre ellos a su esposo. “Entre nosotros, tú te volverás invisible, los mortales sufren la muerte, nosotros no, podrás entrar en sus aposentos sin que ella te vea”. Le ofrecieron la inmortalidad a cambio de jugar esta treta, y Nala, la aceptó.


      Nala efectivamente entró invisiblemente en su habitación y le ofreció la inmortalidad tal como los dioses se lo habían propuesto, Damayanti lo escuchó, pero se negó a aceptar el trato. “Mi esposo será Nala, mortal, no tengo necesidad de los dioses”. Nala regresó donde los dioses dando la respuesta de Damayanti, éstos entendieron la voluntad de Damayanti y  ofrecieron a Nala sus poderes: “nosotros acudiremos a ti, aún sólo cuando nos pienses, tú qué dices la verdad”.


     Después de esto, los dioses, no conformes con respetar la voluntad de Damayanti, tomaron la forma de Nala y se presentaron en la ceremonia de svayambara. La princesa, uno a uno descartó a los otros candidatos hasta que se encontró con otros tantos iguales en apariencia a Nala e inmediatamente pensó que era una ilusión óptica que le jugaban los lokapalas (dioses). “¿cómo es posible este engaño? mi pensamiento siempre ha sido para con Nala y no aceptaré a ningún otro, cualquiera es un extraño para mi. Deberán mostrarme su cuerpo.” Los dioses, al instante recuperaron su propia forma y se marcharon. Nala y Damayanti se casaron.


      En el camino de regreso, los dioses se encontraron con los malvados Kali y Dvapara, quienes al ser informados de lo ocurrido y cómo esta muchacha había vencido en su propia treta a estos dioses poderosos, juraron vengarse separando a la feliz pareja.


     Así Damayanti se fue a vivir con su esposo a su reino, tuvieron dos hijos y su amor fue el más grande que jamás se hubiera visto hasta entonces.


     Mientras tanto, Kali y Dvapara estudiaban a Nala buscando algún punto débil. Nala era un hombre entero que vivía según los textos sagrados, pero un día, embriagado, se quedó dormido antes de hacer su oración del crepúsculo ni lavarse los pies. En ese estado de debilidad e impureza, Kali entró en el cuerpo de Nala quien ya no pudo actuar correctamente, sino como Kali le ordenaba. Jugaba a los dados, se divertía con las sirvientas, se dedicaba a dormir durante el día y velaba en la noche, se apropiaba injustamente de riquezas y se ganaba el miedo y disgusto de los buenos y el respeto de los malos.

     Pushcara, hermano de Nala, también había sobrepasado el camino de los buenos y el maldito Dvapara entró en su cuerpo haciendole actuar el mal. Así, un día los hermanos entraron en una fiera disputa por causa de un toro. Pushcara se negaba a otorgárselo a Nala y lo retó a que se lo ganara en el juego. Los hermanos comenzaron a jugar todas sus posesiones y Nala, en pocos días perdió lo suyo. Pushcara imprecó a Nala a apostar a su misma esposa Damayanti, pero él se negó, sus hijos, damayanti los había enviado a cada de su padre antes de esto, y a los esposos no les quedó otro camino que alejarse de esas tierras perdidas y se adentraron al bosque cansados y hambrientos. Desesperado Nala, enseñó a Damayanti el camino a la casa de su padre y la abandonó en silencio durante la noche. Damayanti no pudo tolerar esa decisión conociendo a su esposo… “¡qué me importa mi vida, que los dioses te ayuden a ti, si es que yo soy casta!” imprecó severamente.

    Damayanti tomó el camino de regreso a la casa de su padre con mucha dificultad, la fuerza de su castidad la protegía y jamás perdió su devoción por su marido. Un cazador la salvó de una serpiente y se enamoró de ella, pero quedó, por ello convertido en cenizas. Por azar se unió a una caravana y la hija de una reina la encontró y la llevó a su palacio, la reina la respetaba, “mi esposo me ha abandonado” repetía Damayanti.

    Cuando el rey Bhima se enteró de lo ocurrido, mandó a buscar a Nala y a Damayanti por todo el mundo. Encontró a Damayanti en la corte de esta reina. Pero Nala, seguía en el bosque, una serpiente le pidió un favor, y él se lo concedió a cambio, la serpiente lo mordió convirtiéndole en un ser feo y oscuro. “¿Cómo me paga el favor que le he hecho?” La serpiente le respondió: “la fealdad conviene para vivir en secreto y para el éxito de los propósitos de los grandes, toma estas prendas purificadas por el fuego, cuando te las pongas recobrarás tu hermosa apariencia”.

    Siguió su camino Nala, y entró en el palacio de un rey de esos lugares y se ganó el puesto de cocinero. Mientras tanto los mensajeros del rey Bhima seguian buscándolo y se enteraron de ese cocinero que tenía muchas cualidades similares a las de Nala. Damayanti sospechó de inmediato que Nala podía estar escondiéndose bajo el aspecto de ese cocinero y preparó todo para que llegara al palacio de su padre, y una vez allí le hizo pasar unas cuentas pruebas para comprobar su verdadera identidad hasta que el mismo Nala se reveló. “¿Cómo te ha podido ocurrir esto?” le preguntó Damayanti, “por haberme abandonado te ocurrieron tantas desgracias”. Nala conservaba las prendas de fuego que le había otorgado la serpiente y al vestirse con ellas recobró su bella apariencia. Al ver a Nala en su verdadera apariencia, floreció rápidamente la cara de loto de damayanti y el fuego de su miseria se extinguió en el agua de sus ojos.

    Kali, ya había salido del cuerpo de Nala: ” entré en tu cuerpo pot envidia porque Damayanti te había escogido a ti, por eso perdiste tu gloria mediante el juego, la serpiente cuando te mordió no te quemó, pero a mi si, verás, lo que es felicidad para unos  es daño para otros. Me voy, tengo otras oportunidades de hacer el mal con otros.”

    Dpavara salió del cuerpo de Pushcara, hermano menor de Nala quien logró recobrarlo sano y salvo, entonces humilde ahora Pushcara, junto con Nala, se repartieton el reino y vivieron felices todos correctamente.

    Siempre me gustaron las leyendas, pienso que es decir con poesía y adornos de epopeyas lo cotidiano, la vida de todos los días de cada uno. Creo que si prestáramos atención, nos daríamos cuenta que todos llevamos un par de leyendas con nosotros, en nuestro mismo ser. Lo más interesante es que nuestra vida no sea puro cuento, y que con gracia podamos dejar como parte de nuestra herencia una historia, una leyenda, una huella en este mundo para los que vienen después de nosotros…


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